Autonomia

“Cuando os pido que ganéis  dinero y tengáis una habitación propia, os estoy pidiendo que viváis en la realidad presente, una vida tonificante, de una forma visible.” Virginia Woolf

 

Porque  la  Autonomía, y no puedo evitar el punto de vista de mujer, significa generar el proprio dinero, tener un espacio donde encontrarse a sí misma, y asumir la responsabilidad de las propias decisiones. Vivir “en presencia de la realidad”.

Hace dos años escribía en mi tesina – basada en el trabajo con mujeres inmigrantes a través del Arte Terapia – el texto siguiente sobre la Autonomía y su relación con la maternidad:

“Mientras la maternidad no me ha obligado a asumir una condición de dependencia y vulnerabilidad, vivía en un estado ilusorio de mujer autónoma. Y observando a estas mujeres la ilusión queda deshecha.

¿Dónde queda el deseo común de todas de arraigarnos, de encontrar nuestro lugar en ésta tierra?  Porque el deseo de estar en el mundo parece incompatible con la anulación de necesidades, incompatible con la obediencia. ¿Y cómo rendirnos a la consciencia de una dependencia y vulnerabilidad  tan incrementadas  por la maternidad y, así todavía, construir para nosotras mismas una autonomía real?

 

Esta semana he jugado con las imágenes, para celebrar nuevos avances en  el camino de la Autonomía. Las imágenes para no quedarme únicamente en el discurso reflexivo y entrar en campo de lo poético.

Así, a partir del juego, este texto:

“Reconozco éste camino y, en cada imagen un paso  adelante.
Reconozco el Niño, ante una reja cerrada, y al otro lado, aquello que no puede alcanzar.
Reconozco la Saboteadora, que canta como un disco rayado, “eso que deseas,  no es para ti”. Y al mismo tiempo, la Anciana, que ve más allá de las heridas que limitan y condicionan.
Reconozco la Obediencia, la que busca agradar a todos, y corresponder a las expectativas reales o imaginadas.
Y reconozco el Dolor que quien se da cuenta, de manos dadas con el alivio de recibir claridad en lo que antes era indeterminado.

¡Claro ha de haber una Iniciación! Solo que no estamos acostumbrados a ella. Una Iniciación para pasar de una independencia ilusoria a una verdadera Autonomía.

Porque en algún momento me tendré que ver, reconocer, interiorizarme a mí misma. Conocer el contorno de mis límites y saber donde hay ventanas abiertas al mundo para experimentar la expansión.
Saber, quizás, que en mí también hay energía masculina. Y saber que hay deseo de placer y alegría.

Porque si la Autonomía es independencia y libertad, ¿ qué mejor guía para orientarme en este camino que la determinación de ser íntegra, sabiendo que “Inocencia” y “Placer” caminan juntos lado a lado?

 

Si

“Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduria…
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice “!Continuad!”.
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.”

Rudyard Kipling

Un sentido de belleza

La vida nos habla a través de los acontecimientos cotidianos – las coincidencias,  los imprevistos, los accidentes, las situaciones que se repiten.
Paul Auster dice que es “la poesía de la vida”, Kundera habla de un sentido de belleza, de la vida compuesta como una partitura musical. Paulo Coelho, en su obra “El Alquimista”, llama la atención hacia las Señales.

Pero podremos, inmersos como estamos en nuestros quehaceres, prestar atención a algo que no sean las cosas inmediatas y concretas?
Con qué frecuencia nos dejamos sorprender por la poesía de la vida, por esos acontecimientos que, de manera improbable, riman entre sí?
Podemos recibir esos “oráculos cotidianos“? Podemos parar y cuestionarnos? Con qué actitud respondemos a las llamadas de atención que la vida utiliza para comunicarse con nosotros?

Parar para escuchar la vida, para cuestionar, para soltar, para decidir, para crear, puede llevar a profundos cambios en las estructuras de lo que he construido hasta ahora. Y un cambio, aunque sea deseado, implica entrar en un proceso que puede presentar muchos desafíos.

Pero los cambios son inevitables y mejor zambullirme en el proceso que abren. Y aprovechar la oportunidad para retomar un sentido de conexión conmigo mismo.
Un proceso de transformación personal, un proceso de cambio – independientemente de sus dimensiones – implica una des-construcción y una re construcción. Los dos son actos creativos pero hay que comprometerse con ellos, tal como un artista se compromete con su obra. Y aquí hay que guardar silencio, callar el ruido externo. Salir del movimiento incesante del mundo exterior y reencontrarme conmigo, a solas.

Es en ese lugar interno, de escucha y conexión, que surgen las preguntas y los deseos. Es allí donde nace el impulso para des-construir lo que ya no me sirve. Y es allí donde puedo percibir con claridad las formas y contornos de aquello que es mi Deseo.

 

“Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llama coincidencias. (…)
Porque es precisamente así como se componen las vidas humanas. Se componen como una pieza de música. El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (…) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. (…)
Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación. Por eso no es posible echarle en cara a la novela que esté fascinada por los secretos encuentros de las casualidades (…), pero es posible echarle en cara al hombre el estar ciego en su vida cotidiana con respecto a tales casualidades y dejar así que su vida pierda la dimensión de la belleza.” Milan Kundera

La experiencia estética

La experiencia estética es el encuentro con la obra de arte. Y la obra puede ser un dibujo, un poema, una imagen, una canción.
Todos ya hemos podido experimentar en algún momento los efectos reparadores y transformadores del encuentro con la obra, fuera en un concierto, una sala de cine o delante del dibujo de un niño. ¿Pero cuántos de nosotros buscamos conscientemente la experiencia estética como medicina? ¿O como nutrición?

El arte, la belleza, la experiencia estética son los nutrientes esenciales para la vitalidad de nuestro espíritu.
Vivimos tiempos de alienación de la dimensión sagrada de nuestras vidas. La insatisfacción crónica, las adicciones, el consumismo son síntomas de una inmensa hambre espiritual.
Queremos plenitud en nuestras vidas, crear proyectos, construir familias, manifestar nuestro potencial a través de relaciones saludables y trabajos satisfactorios. ¿Pero, cómo nos nutrimos? Qué es lo que nos inspira? ¿ Cual es el combustible para potenciar nuestra vitalidad y poder creativo?

Sin inspiración no hay esfuerzo que nos valga.
La inspiración es alimento para el espíritu. Viene del latín inspiratio y del verbo inspirare, que significa soplar o insuflar algo. Recibió la connotación “respirar profundamente” o “insuflar algo en el corazón de alguien”.
Tal como el acto de alimentarnos es intencional también lo puede ser el acto de inspirarnos, el acto de insinuar algo en nuestros corazones. Es un acto de responsabilidad en la medida en que escogemos potenciar nuestra creatividad. No solamente para crear proyectos, trabajos, obras, también para ser creadores de nuestra existencia.
Se trata de alimentar mi pasión por la vida. Por que es esa pasión que insufla aire en mis Deseos y es mi relación con esos Deseos que dictará la calidad de mi vida.